Do not hesitage to give us a call. We are an expert team and we are happy to talk to you.
1.8445.3356.33
Help@goodlayers.com
Siete días para cruzar Marruecos de norte a sur, entrando por Tánger y terminando en Marrakech, con una noche en el desierto.
Es el punto medio entre la travesía rápida de seis días y el circuito largo de nueve: cabe Chefchaouen, la medina de Fez y el sur sin ir con prisa.
Recogida en el puerto o el aeropuerto de Tánger, o en tu hotel. Te dejamos en Marrakech.
Entre las 7:00 y las 8:00 de la mañana, según la temporada.
Siete jornadas de norte a sur sin repetir camino. Los días cuatro y siete son los de más carretera; el resto deja tardes libres.
Te recogemos en el puerto, en el aeropuerto o en tu hotel de Tánger. Si el horario lo permite damos una vuelta por la kasbah y la medina, y subimos al cabo Espartel, donde el Atlántico y el Mediterráneo se juntan y en un día claro se ve la costa española.
Salimos hacia el sur y nos metemos en el Rif. La carretera sube entre laderas verdes, olivares y pueblos colgados hasta llegar a Chefchaouen, a unos seiscientos metros de altura.
Llegamos a mediodía y tienes la tarde para recorrer la medina azul a tu ritmo. El índigo de las paredes se repinta cada primavera y cambia de tono de una calle a otra. Bajamos hasta Ras el Maa, el manantial donde las mujeres del barrio siguen lavando la ropa.
Al atardecer subimos a la mezquita española, en la colina de enfrente, para ver el pueblo entero con la última luz. Cena y noche en un riad de Chefchaouen.
Bajamos del Rif hacia la llanura del Saiss. La primera parada es Volubilis, la ciudad romana mejor conservada de Marruecos, capital de la Mauritania Tingitana y Patrimonio de la Humanidad. Se conservan el arco de Caracalla, el capitolio, la basílica y sobre todo los mosaicos, todavía en el suelo de las casas donde se hicieron.
A pocos kilómetros paramos en Moulay Idriss Zerhoun, el pueblo santo de casas blancas trepando por dos colinas alrededor de la tumba del fundador de la primera dinastía marroquí.
Por la tarde entramos en Meknes, la ciudad imperial de Moulay Ismaíl: Bab Mansour, la puerta de azulejos más trabajada del país, la plaza El Hedim y los graneros abovedados construidos para alimentar a doce mil caballos.
Llegada a Fez al final del día. Cena y noche en un riad de la medina.
Día completo en Fez, sin coche. Fez el Bali es la mayor zona urbana sin tráfico del mundo: unos nueve mil callejones donde todo se mueve a pie o en burro.
Vemos la madraza Bou Inania, del siglo XIV, con su cedro tallado y su yesería, y el patio de la universidad de Al Qarawiyyin, fundada en el año 859 y considerada la más antigua del mundo todavía en funcionamiento.
Subimos a las terrazas de los talleres de cuero para ver las curtidurías de Chouara desde arriba, con sus tinas de cal y de tinte natural.
La tarde es para los zocos, organizados por gremios desde la Edad Media: caldereros, tintoreros, ebanistas, especias. Segunda noche en Fez.
Jornada larga hacia el sur. Paramos en Ifrane, la ciudad de montaña de tejados inclinados que aquí llaman la pequeña Suiza, y en el bosque de cedros de Azrou, donde suelen verse macacos de Berbería junto al Cedro Gouraud.
Cruzamos el Medio Atlas por Midelt y bajamos por el valle del Ziz, un palmeral de decenas de kilómetros encajado entre paredes de roca, con un mirador desde el que se ve el río perderse entre las palmeras.
Pasamos por Erfoud y Rissani, levantada sobre las ruinas de Sijilmasa, de donde partían las caravanas del oro hacia Tombuctú.
Al caer la tarde cambiamos el coche por el dromedario y entramos en las dunas de Erg Chebbi hasta el campamento, con tiempo de subir a una duna para la puesta de sol. Cena bereber, tambores junto al fuego y noche en jaima.
Amanecer sobre las dunas y vuelta al pueblo en dromedario. Desayuno y ducha en el hotel antes de ponernos en marcha hacia el oeste.
Pasamos por Tinghir, un oasis largo y estrecho de palmeras encajado entre montañas peladas, y entramos en las gargantas del Todra: trescientos metros de pared vertical y un paso de apenas diez metros por donde corre el río.
Caminamos por el fondo del cañón, a la sombra, donde casi siempre hay escaladores colgados de las vías.
Por la tarde subimos por el cañón del Dades, con sus curvas en zigzag y las formaciones de roca que llaman dedos de mono. Cena y noche en el valle del Dades.
Etapa tranquila por la ruta de las Mil Kasbahs. Paramos en Kelaat M Gouna, en el valle de las Rosas, donde se cultivan rosas de Damasco desde hace siglos y se destila el agua de rosas en las cooperativas del pueblo.
Seguimos hasta el palmeral de Skoura, un oasis denso donde se esconden algunas de las kasbahs mejor conservadas del sur, entre ellas la de Amridil, la que sale en los billetes de cincuenta dirhams.
Llegamos a Ouarzazate a media tarde. Vemos la kasbah de Taourirt, que perteneció a los Glaoui, y si te interesa el cine, los estudios que han convertido la ciudad en el plató del desierto.
Al final del día nos acercamos a Ait Ben Haddou con la luz baja, que es cuando mejor se ve el ksar. Cena y noche cerca de la kasbah.
Empezamos temprano en Ait Ben Haddou, cuando todavía está vacío. Cruzamos el río Ounila y subimos entre las casas de tierra hasta el granero de la cima, con el valle entero a los pies.
Si te apetece desviarnos, subimos por el valle del Ounila hasta la kasbah de Telouet, el palacio en ruinas de los Glaoui, con techos de cedro y salas de azulejos dentro de un edificio medio caído.
Cruzamos el Alto Atlas por el Tizi n Tichka, a 2.260 metros, con parada en los miradores del puerto.
Bajamos a la llanura y llegamos a Marrakech por la tarde. Te dejamos en tu riad o en el aeropuerto.
